|
|
Traemos aquí una
colaboración que ha salido en el nº 7 de EL OLMO, agosto 2007, sobre el canal
de Rillo, en la serie:
COMO
FUERON LOS AÑOS CUARENTA/CINCUENTA EN RILLO
UN ACCIDENTE EN LA HISTORIA MÁS
CERCANA
Se
trata de contar la historia de un Canal, así con mayúscula hay que escribirlo
en Rillo, que acaparó en los años 50 muchos de los esfuerzos de este pueblo
progresivo, aunque nunca llegó a regar las zonas previstas en este municipio.
El objetivo era claro, se trataba de poner en riego las dos vegas de los márgenes
del río Gallo, a la derecha
la Vega
de
La Serna
y otras muchas tierras de
Molina, Rillo y Corduente, y en la margen izquierda
La Serna
y parte de Cañizares.
Todo
esto se tiene que ver en el contexto de aquellos años, mientras se hacían los
trabajos ordinarios en el viejo regadío y en el secano, y cuando el cultivo de
la remolacha se encontraba a tope. Por tanto, amable lector quiero que en la
lectura de este capítulo te sitúes en
la España
de posguerra, con un
“promotor” de la comarca organizando la vida de un pueblo y una Administración
de ordeno y mando. Por los años pasados, verás más abajo citados organismos
que ya no existen, bancos que tienen otro nombre, pesetas que ya quedaron lejos,
aunque todavía pensemos en ellas, etc. Te anticipo que voy a incorporar
cantidad de cifras y fechas, dedicando más espacio a la descripción de los
hechos que a dar opiniones, porque me parece que es lo más adecuado para que tú,
con una visión más alejada por los años, saques tus propias conclusiones.
Aquí empieza la historia
Por una Resolución de
la Dirección General
de Obras Hidráulicas de 10 de febrero de 1.951 se
otorgó una concesión para derivar aguas del río Gallo, al mayor propietario
de tierra en el Rillo de aquellos años. La derivación del agua se hacía desde
el término de Molina de Aragón, por un total de
230 litro s
por segundo, para derivar por un Canal de unos
8 kilómetros
en la margen derecha, y otros
43 litros
por segundo para derivar por la margen izquierda con unos
3,5 kilómetros
(estos volúmenes son el resultado final, después de varias
modificaciones de la concesión inicial). Estas concesiones eran en régimen de
empresa y por un periodo de 75 años. Se presentaba para el aprovechamiento de
estas concesiones un proyecto a base de acequias de tierra con un presupuesto de
550.580 pesetas.
Las condiciones draconianas
Para
completar las razones que motivaron la solicitud de la concesión, el 18 de
septiembre de 1.951 apareció en el Boletín Oficial de la provincia de
Guadalajara un anuncio de autorización, por parte de los entonces denominados
Servicios Hidráulicos del Tajo, del cobro de unas tarifas de 2.637 pesetas por
hectárea y año, que los regantes deberían abonar al concesionario durante los
75 años de la concesión. Asimismo, deberían realizar un pago en especie de 60
toneladas de remolacha por hectárea, a entregar durante un periodo máximo de
ocho años.
Ante
lo disparatado de estas tarifas, los propietarios de las tierras de la zona
regable interpusieron un recurso. Es de destacar que aquellas tarifas fueron
informadas desfavorablemente por los Servicios Hidráulicos del Tajo y el
Consejo Superior de Obras Públicas, por lo que se dio un plazo de seis meses al
concesionario para que presentase nuevas tarifas. En lugar de ello, con fecha 5
de marzo de 1953 apareció en el Boletín Oficial de la provincia de Guadalajara
un anuncio de expropiación de las fincas de los vecinos de Rillo de Gallo, a
fin de que se pudiera pasar y construir los canales de riego.
Posteriormente
el concesionario presentó un proyecto reformado, extendiendo la zona regable a
más de
300 hectáreas
. Según este proyecto, se varió el punto de la toma, corriéndolo
aguas arriba, y se estableció una red de acequias de hormigón, afectando a
terrenos no incluidos en la anterior concesión. El presupuesto de este nuevo
proyecto era de unos 4.000.000 pesetas. Al mismo tiempo se publicó en el Boletín
Oficial de
la Provincia
de Guadalajara, con fecha 29
de enero de 1955, un anuncio de
la Confederación Hidrográfica
del Tajo con una nueva
propuesta de tarifas por parte del concesionario, ascendiendo el canon total por
hectárea y año a la cantidad de 4.432 pesetas.
La reacción del pueblo y las amenazas
Los
propietarios de Rillo de Gallo impugnaron también estas tarifas, pidiendo
asimismo que, en vista del tiempo transcurrido desde la primera concesión sin
que se hubieran efectuado las obras, se declarase caducada la concesión.
Pretendían la mayoría de los propietarios que dejasen libre la concesión en
este tramo del río, para que posteriormente se formase un Grupo Sindical de
Colonización y se pudieran poner en regadío aquellas tierras, sin que esto
supusiera inconveniente alguno a la incorporación del concesionario inicial.
Entretanto
el concesionario, sin autorización de
la Administración
, antes de que se aprobara el
proyecto reformado y las nuevas tarifas, inició las obras siguiendo el proyecto
reformado, sin respetar las más mínimas normas en el cuidado de las parcelas
con cultivo.
Ante
esta situación y las dificultades que los rillanos ponían, el concesionario a
través de algunos amigos y representantes en Molina de Aragón, pretendió
intimidar a los propietarios de Rillo de Gallo, amenazándoles con que se podría
dictar un decreto sobre colonización de aquella zona, que “quitaría las
tierras a los actuales poseedores y las entregaría a otros labradores de la
comarca”. Igualmente, algún que otro matón se había encargado de amedrentar
a los propietarios de las parcelas, para que no opusieran resistencia a la
construcción del Canal a su paso por las fincas.
Si
bien el Instituto Nacional de Colonización tranquilizaba a los agricultores
respecto a las amenazas que estaban recibiendo, presiona sobre ellos en el
sentido de llevar a efecto una transacción entre los vecinos y el
concesionario, con el fin de que se pudieran realizar las obras de riego. En
este contexto, los rillanos ganaron un recurso para paralizar las obras y
levantar lo construido. La parcela sobre la que se había puesto el recurso era
la más estrecha que encontraron a lo largo de toda la obra, de forma que si había
que romperlo, como así ocurrió realmente, se destrozase la menor parte posible
de aquel Canal que todos querían, pero no en aquellas condiciones.
Ante
toda esta serie de despropósitos las obras se suspendieron por falta de fondos,
llegándose en definitiva a la siguiente situación: a) Existencia de una
concesión primitiva sin tarifas. b) Existencia de un proyecto reformado, sin
aprobar, que modifica puntos esenciales del proyecto inicial. c) Suspensión de
las obras.
La
Administración intermedia, metiendo presión
Por
mediación del Instituto Nacional de Colonización se establecieron contactos
entre los regantes y el concesionario, con el fin de tratar de conseguir que los
propietarios adquirieran los derechos concedidos. Asimismo y como requisito
previo para poder verificar la transacción, los regantes se constituyeron en
Grupo Sindical de Colonización, agrupando en su inicio a 71 socios. Fue
convalidado con fecha 1 de julio de 1955, adjudicándosele el número 1.043.
La
primera actividad del Grupo como tal, fue la compra al concesionario de los
derechos de la concesión. La operación tuvo lugar el día 28 de septiembre de
1.955, valorándose en 3.300.000 pesetas los gastos realizados por las obras
hasta entonces efectuadas y por la concesión. Para hacer frente a estos pagos
el Grupo solicitó al Instituto Nacional de Colonización un crédito por un
importe de 3.684.315 pesetas, fue concedido en 1.956. Puesto que el proyecto de
la obra adquirida, que ascendía a 550.580 pesetas, no fue aprobado y
posteriormente fue modificado por otro, el Grupo se vio obligado en el año
1.956 a
solicitar del Servicio
Nacional del Crédito Agrícola un nuevo crédito para obras por un importe de
800.000 pesetas.
La concesión con defectos ocultos
La
concesión administrativa de aguas otorgada adolecía de los vicios que has ido
viendo en parte, pero que entonces eran ignorados por el Grupo Sindical de
Colonización al adquirirlas. Por ejemplo, las obras se habían ejecutado con
arreglo a un proyecto reformado que no había sido aprobado por
la Administración. El
concesionario se había comprometido a dar agua
gratis a una de las fincas pertenecientes al propietario de
La Torrecilla
, a cambio de atravesar tal finca con las obras. Los propietarios de la
finca del Molino Bajero, enclavada en la zona regable, tenían ya una concesión
de aguas para el riego de la finca, por lo que manifestaron estar excluidos de
la concesión. Por otra parte, no permitían que su finca fuese atravesada en la
ejecución de las obras que el Grupo trataba de realizar, sin previa indemnización.
En este ambiente, a instancias de los industriales
propietarios de las centrales eléctricas,
la Confederación
ordenó la paralización de
las obras que se intentaban continuar, por no ajustarse al primitivo proyecto
aprobado. El Grupo a su vez presionó sobre
la Confederación
, lográndose que se aprobase provisionalmente el proyecto reformado, con
la condición de que las obras efectuadas se ajustasen a él y no hubiera
reclamaciones de terceros. Efectuada la confrontación de las obras con el
proyecto por un ingeniero de
la Confederación
, se resolvió la primera parte
de estas nuevas dificultades, al comprobarse que dichas obras estaban de acuerdo
con el proyecto reformado, pero quedaba la segunda, que no hubiera terceros que
reclamasen.
Las
reclamaciones de terceros, se reducían a las de los propietarios de las
centrales eléctricas (hoy estas centrales no producen luz y ni siquiera los
edificios se mantienen en pie), y a la de los propietarios de la finca del
Molino Bajero. Se llegó a un acuerdo con una central en 900.000 Ptas. y con la
otra por 405.000 Ptas. El acuerdo con los del Molino Bajero quedó pendiente de
que se aclarase lo de su concesión y exclusión de la zona regable, si bien se
trataba de la posible indemnización a que habría lugar, ofreciendo el Grupo
70.000 pesetas y pidiendo los propietarios 90.000 Ptas.
En
el año 1.959 el Grupo tuvo que solicitar y consiguió un crédito de
la Caja
de Ahorros y Monte de Piedad
de Zaragoza, Aragón y Rioja (hoy Ibercaja) por un importe de 1.500.000 pesetas
con el cual hacen frente a parte de las indemnizaciones que se les reclamaban y
a los gastos ocasionados en la ejecución de las obras.
La política se mete por medio
En
este contexto se llegó a un 18 de julio de la época, el de 1.959, entonces el
Gobernador Civil de Guadalajara procedió a inaugurar las obras de regadío del
Grupo, a pesar de que tales obras estaban sin terminar en su salida por la
margen izquierda. Esta inauguración provocó la inmediata reclamación de los
industriales de las dos centrales eléctricas afectadas, que exigieron el pago
de las cantidades que aún les adeudaba el Grupo y que ascendían a la cantidad
de 875.000 pesetas.
Y llegan los problemas
Para
hacer frente a estas deudas, y ya en el año 1960, se promovió la primera
derrama provisional entre los socios del Grupo por un importe de 750.000
pesetas. Esta iniciativa constituyó un rotundo fracaso, pues los mayores
propietarios, el original propietario de la concesión al frente, se niegan a
pagar, arrastrando con su postura a muchos propietarios pequeños y no consiguiéndose
recaudar más que 288.115 pesetas, cantidad totalmente insuficiente para
cancelar tales deudas. La necesidad de recaudar algún dinero, sin que todavía
se hubiera regado y obtenido sus frutos, fue el motivo de que se iniciaran las
discrepancias y el malestar en el pueblo. Los que pagaban contra los que no
pagaron.
De
nuevo en 1961 fue necesario promover una nueva derrama voluntaria entre los
vecinos para pagar a
la Caja
de Ahorros y Monte de Piedad
de Zaragoza, Aragón y Rioja un vencimiento de intereses y amortización del préstamo
por un importe de 99.443 pesetas, que se recaudan con el sacrificio personal de
unos cuantos. A partir se este momento queda todo abandonado y
la Junta Rectora
se ve en la imposibilidad material de proseguir los fines del Grupo, ya
que el resto del crédito es amortizado en periodo ejecutivo por una mayoría de
socios, pero de los más pequeños y sacrificados, y siempre con la abstención
de los mayores contribuyentes.
Para
aumentar las vicisitudes del Grupo, el propietario repetidamente citado aquí
solicita la concesión de
45 litros
por segundo para el riego por aspersión de sus tierras, cuyo anuncio
apareció, en primer lugar, en el Boletín Oficial de
la Provincia
de Guadalajara de 23 de abril de 1963 y posteriormente en 9 de abril de
1964. El Grupo Sindical lo recurrió oponiéndose a esta concesión, no obstante
lo cual, y aún sin autorización, regaba por aspersión sus tierras.
La situación era dramática
Paralizadas
todas las actividades del Grupo, este recibió una comunicación del Instituto
Nacional de Colonización de fecha 11 de mayo de 1966 en la que se le notificaba
la rescisión del contrato y la obligación de reintegrar al Instituto la
cantidad que se adeudaba, por haber expirado el plazo de que disponía el Grupo
para la ejecución de la mejora sin haberse llevado a cabo.
Posteriormente, en el Boletín Oficial de
la Provincia
de Guadalajara de 10 de mayo de 1969 se publica en Edicto del Recaudador
de Contribuciones e Impuestos del Estado para hacer efectiva la deuda del Grupo
por vía de apremio. Ello provocó un escrito del Director General de
la O. S.
"Colonización" de
fecha 20 de octubre de 1969 al Director General de Colonización y Ordenación
Rural, solicitando la condonación de la deuda o, en su caso, que el
procedimiento recaudatorio se dirigiera no solo a los socios fiadores sino a
todos los socios del Grupo, especialmente a los propietarios mayores, que
siempre se negaron a participar en las derramas a pesar de ser los iniciadores
del procedimiento.
La Administración
nunca ha cobrado la deuda que la construcción del Canal
generó, ni la cobrará, posiblemente por ser consciente de la mala actuación
en este municipio, que mereció un poco más de atención y menos exigencias.
Y
aquí acaba la historia de un Canal que nunca regó, y posiblemente nunca regará,
los nuevos regadíos de Rillo, porque descompuso la vida social del pueblo
durante de los años 1950 y 60 y el tiempo ha terminado por descomponer el
cemento con el que se hizo. Sirvan estas líneas para que no se olvide el
esfuerzo que entonces se hizo, al mismo tiempo que se cultivaba el trigo y la
cebada o se segaba el alfalfe del Prado para poder subsistir. Es fácil comprender que si
las aguas hubieran regado las dos vegas, se hubieran podido ampliar los cultivos
de regadío y sacar el dinero suficiente para poder pagar las cuotas, sin que se
hubieran presentado problemas para los propietarios de la tierra. En aquellos años,
sin ir más lejos, se tuvo un ejemplo claro de como el pueblo entero compró
conjuntamente
La Serna
y la pagó con el dinero que
generaba el viejo regadío, en especial con el cultivo de la remolacha.
Recientemente,
o no tan recientemente, en octubre del año 2000, se ha tratado de llevar a cabo
un nuevo intento para incrementar el regadío. Se llegaron a redactar las
ordenanzas de la comunidad de regantes, así como los reglamentos para la junta
de gobierno y el jurado de riego. No se ha pasado de ahí. Todas estas ideas y
actas de las reuniones que se celebraron en los años 2000 y 2001 las tienes hoy
colgadas en la página de economía de la web de Rillo: www.rillo-de-gallo.com
Por
todo esto, a modo de cierre de esta crónica, quiero aprovechar estas líneas
para homenajear a los hombres que
lucharon entonces porque se ampliara el regadío de Rillo. Como representativos
de aquel pueblo traigo aquí los nombres que aparecen en un folleto perdido del
Grupo S. C. 1043, del año 1956, donde se cita al Alcalde, al Presidente de
la Hermandad
,
la Junta Rectora
del Grupo… y son: Lorenzo
Sanz, Leonardo Hombrados, Teodoro Vázquez, Mamerto Muñoz, Hilario Pérez,
Agustín Martínez, Balbino Alguacil, ... Hoy todos, pero en especial sus nietos
y biznietos, pueden sentirse orgullosos del esfuerzo que, aunque vano, permitió
marcar un camino firme para ellos, con las aspiraciones de hacer un pueblo
mejor.
Quedan
las fotos que todavía puedes contemplar en esta crónica, por las que verás
que el Canal sólo sirve para cruzar Juntarrios sin mojarte o para que los soñadores
de
la Comarca
escriban en sus viejas
paredes, próximas a la fábrica de
La Torrecilla
, “SEÑORIO Y TIERRA MOLINESA A LAS CORTES”, o algo así.
Ciríaco
Vázquez Hombrados
- Página
principal
- Mapa-Comarca
- Senderismo
- El pueblo -
Municipio
- Sus votos
- Las fiestas
- Álbum
- Las Peñas
- Historia
- Vida social
- Su economía
- Fotos
- Fotos antiguas
- Chat
- Foro
- El tiempo
- Enlaces
- [ Firmar
libro de visitas]
- [Leer
libro de visitas] -
|